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Parapente Voltor


Corrientes térmicas


La ciencia del vuelo a vela y por consecuencia, del parapente se basa en las corrientes térmicas. Estas se producen al calentarse una masa de aire por conducción, es decir, por el contacto de esta sobre un suelo calentado por los rayos solares. Dicha masa de aire se dilata al elevar su temperatura y resulta más ligera que el aire circundante por lo que comenzará a elevarse, recordemos como asciende un globo aerostático al calentar su masa de aire interior. Esta ascensión de aire caliente llamada térmica es el motor utilizado por todas las aeronaves planeadoras sin motor.

Existen varias maneras de obtener ganancia de altura, estas son, térmica, restitución, dinámico o ladera, onda de montaña y convergencia de brisas. Todas ellas tienen sus peculiaridades propias, incluso algunas nubes de convección como los cúmulos pueden proporcionar ascendencias, así como las nubes lenticulares están asociadas a grandes ascendencias producidas por la orografía del terreno.

La restitución se produce al atardecer, cuando las grandes masas de agua o arboledas restituyen a la atmósfera el calor latente almacenado durante el día, proporcionando ascendencias suaves pero de enormes dimensiones. El vuelo dinámico se realiza desplazándose sobre un obstáculo frente al viento, pues este al subirlo proporciona una masa de aire ascendente. La onda de montaña está producida por vientos a velocidad elevada que al ascender y descender por accidentes orográficos y debido a la elasticidad del aire, producen enormes ascendencias y descendencias, así como zonas muy turbulentas; puede amplificarse si las cadenas montañosas son varias y se produce un fenómeno llamado resonancia. La convergencia de brisas de distinta orientación producen una zona ascendente alargada y generalmente coronada por nubes de convección. Esta convergencia puede ser desplazada por el viento meteorológico existente en capas más altas de la atmósfera y son auténticas autopistas del vuelo libre. Se han llegado a sobrepasar distancias de 400 kilómetros en línea recta debido a este fenómeno.

Las ascendencias producidas por una nube de tormenta son tan grandes que desbordan al piloto y constituyen un peligro potencial para una aeronave lenta como es el parapente, tanto por la enorme altitud a la que llegan a subir como por las turbulencias existentes en su seno. El rango máximo y mínimo de velocidades para un modelo de parapente intermedio es: Velocidad máxima: 50 kilómetros hora. Velocidad mínima: 24 kilómetros hora, para un parapente de competición la velocidad máxima puede superar los 60 kilómetros hora con una relación de planeo de 10:1, es decir, que por cada diez metros que avanza desciende naturalmente uno.

Al ser un ala flexible, las turbulencias pueden producir plegadas, deformando el perfil alar y perdiendo así su capacidad de sustentación y entrando en distintas configuraciones de vuelo: espiral, barrena, pérdida asimétrica, etc.. Si las plegadas o colapsos se producen a una altura suficiente, normalmente se podrán abrir y volver a la configuración original de vuelo, pero si no es así es imperativo hacer uso del paracaídas de emergencia.


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